Una nota en el teléfono o libreta basta: anota precio por kilo, por lata o por docena, y cuánto rinde cada compra. Revisa el domingo qué sobró, ajusta cantidades y prioriza productos con mejor desempeño real, no solo el que parecía barato en la góndola.
Si la espinaca se encarece, cambia por repollo o acelga; si faltan muslos, apuesta por garbanzos y huevo. Mantén la intención nutricional, no el ingrediente específico. Construye una matriz de intercambios para verduras, granos y proteínas, y evita decisiones impulsivas cuando estés frente a la oferta.
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